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domingo, 15 de mayo de 2016

Arnaldo Batista

Arnaldo Batista
Por aquellos días soleados en los que caminaba bajo el sol agobiante, buscando un lugar donde refrescarme para escapar de la moderna urbe que tiene mas que ofrecer a los automóviles que a las personas de a pie, rendí homenaje a mi insigne raza de peatón escabullendome a la ciudad antigua, siempre algo mas humana e inclusive creo que mas moderna que la actual al ofrecer espacios para caminar, para reflexionar y para la meditación, cualidades que el mercado pareciera querer venderte sin éxito, pero bueno no nos salgamos del tema. Arnaldo Batista era un sujeto singular, pero hablando con toda la verdad ni siguiera era un sujeto, osea ni siquiera una persona, inclusive ni siquiera una cosa, Arnaldo Batista era una sombra que descubrí mientras caminaba de tras de las ruinas de la muralla de Santa Barbara, cuando me tope con el, era el medio día y ninguna figura modelaba su silueta, camine junto a el que estaba proyectado sobre la ruinosa pared de la muralla, aveces se sentía contento saltado de felicidad sabrá dios por que razón y otras se encorvaba sin disimular alguna congoja que lo agobiara. Cuando la tarde se fue acercando nos fuimos conociendo mejor, me relato en un millón de formas en las que se transformaba como si fuera un teatro de sombras proyectado en la pared, su vida, historias antiguas de la ciudad y de la persona que había sido su propietario hace ya mucho tiempo. De las cosas que me contó pude entender que detrás de ellas el quería decirme algo, insistente mente me comunico que le siguiera y le perseguí mientras se deslizaba por los muros de la fortaleza, luego por la fachada de la iglesia, hasta llegar a un pequeño nicho muy apartado de la vista de todos, era una especie de puerta tapiada con piedras, cuando le cuestione por el lugar insistió para que me inclinase para levantar una losa muy pequeña de mármol que estaba en el piso, al levantar la loseta encontré una caja de madera, era de roble cortada finamente y dulcemente decorada, al abrirla en su contenido descubrí una carta. La tarde se terminaba y Arnaldo Batista como apode a la sombra juguetona se despidió de mi difuminándose con los últimos rayos de luz, tome la carta y la leí, el documento en cuestión era una petición al municipio del año de 1896, en la que los querellantes pedían que atendieran la parte oeste de la iglesia que contenía un pequeño cementerio, para su limpieza y cuidado. Cuando me acerque al lugar encontré una montaña de basura y algunos escombros, a solas en la noche limpie todo lo que pude y descubrir algunas tumbas humildes de esclavos, ciudadanos y niños, deje algunas flores y me fui. Al día siguiente pase por el lugar y mi asombro fue descomunal al descubrir todo un jardín florido a partir de las flores que corte y deje, los arboles al verme parecían como si me agradecieran y desde entonces cuando paso por aquel rincón olvidado, siento en el viento una voz que llega a mis oídos diciendo......Bienvenido querido amigo nuestro.

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